En 1994, la empresa estadounidense de telecomunicaciones AT&T realizó un ensayo con 32.000 trabajadores contratados. Estos trabajadores se quedaron en su hogar para formar parte de un experimento. El ensayo resultó satisfactorio y fue así como nació el teletrabajo. Han pasado 17 años y, poco a poco, esta nueva forma de trabajar se va convirtiendo en una opción empleada por muchas empresas.
Las características básicas que definen el teletrabajo son el hecho de trabajar a distancia y un uso intensivo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). El lugar de trabajo es, normalmente, el propio hogar, aunque también existen las llamadas oficinas satélite y telecentros, oficinas con recursos compartidos.
Aunque el teletrabajo permite la realización de las tareas asignadas desde la comodidad del hogar, esto no significa que no exista una relación contractual entre el empleador y el empleado. De hecho, el teletrabajador deberá cumplir con los plazos establecidos, generando una relación de confianza con el empleador. Y es que, aunque en este caso el empleado puede organizarse el tiempo a su manera, sí que existe un contrato con las condiciones laborales que deben cumplirse, con lo cual es muy importante saber establecer rutinas y métodos de trabajo para cumplir los objetivos, cumpliendo con la obligación laboral y sin excederse con las horas, para que la vida personal no se vea afectada.
Es también recomendable, y en algunos casos obligatorio, que el teletrabajador acuda al lugar físico de trabajo de vez en cuando. De esta forma, no pierde visibilidad, está al día de lo que ocurre en la empresa y, a pesar de trabajar a distancia, puede también socializar con sus colegas de profesión. Así, el teletrabajador crea un vínculo necesario para no sentirse aislado durante la realización de sus labores, una de las desventajas del teletrabajo.
Otras desventajas de esta forma de ganarse la vida son evitables si el teletrabajador es metódico y responsable, pero siempre se corre el riesgo de caer en un modo de vida sedentario, dejarse distraer con facilidad, alargando así en exceso las horas dedicadas al trabajo y un aislamiento que puede acabar repercutiendo en la vida social y familiar. Para evitar que todo esto suceda y el teletrabajo se convierta en una muy buena opción, es indispensable recordar que el hecho de que el trabajo pueda realizarse desde el hogar y a través de las TIC, sigue siendo un trabajo y, como tal, hay que dedicarse a él las horas que sean necesarias. Ni más, ni menos.
Si el teletrabajador consigue ser fiel a su organización y disciplina, podrá saborear todas las ventajas del teletrabajo, como el ahorro de tiempo, ya que no son necesarios los desplazamientos para incorporarse al puesto laboral y, además, se evitan los ratos muertos de trabajo entre tarea y tarea, creciendo así la productividad. Por otro lado, a pesar de la relación contractual, existe una mayor autonomía respecto al trabajo tradicional y asistencial que permite compaginar la vida laboral con la familiar, así como disfrutar de una mejor calidad de vida y más tiempo libre. A la empresa también le favorece este tipo de relación con el empleado, ya que supone un importante ahorro económico.
Los campos profesionales que más han desarrollado el concepto de teletrabajo son los relacionados con el mundo editorial, informático, las consultorías, artes gráficas, multimedia, publicidad… Aunque día a día se van sumando nuevas empresas.

